
abril 19, 2013
Muchas
muertes de niños menores de 5 años podrían prevenirse con
intervenciones efectivas que aborden la desnutrición en gran escala.
Foto:Andrés Felipe Castaño/Unimedio
oct. 24 de 2009
Por: Sara Del Castillo Ernesto Durán María Cristina Torrado,
Observatorio sobre Infancia Observatorio de Seguridad Alimentaria y
Nutricional U. Nacional de ColombiaLa confiabilidad de los datos sobre la desnutrición en los niños oculta el verdadero problema: cada año mueren en Colombia cerca de 10.000 menores de 5 años por causas prevenibles. De esas muertes, por lo menos el 30 por ciento ocurre por desnutrición.
El VIII Encuentro de Gobernadores por la Infancia, la Adolescencia y la Juventud, realizado en Bucaramanga en junio de 2009, centró sus discusiones en el derecho a la seguridad alimentaria y nutricional, tema prioritario para el país, dada la grave situación nutricional que vive un porcentaje significativo de la población colombiana1.En dicho evento se presentaron distintos datos sobre la magnitud del problema. Funcionarios gubernamentales plantearon que la mortalidad por desnutrición de menores de 5 años (casos en que se reporta la desnutrición como causa directa de muerte) fue entre 580 y 700 casos de 2003 a 2005. Por otra parte, el director de Unicef planteó que cerca de una tercera parte de las muertes en este grupo etáreo se asociaba a desnutrición, lo que daría una cifra cercana a 5.000 muertes anuales asociadas a déficits nutricionales2.
En los últimos 20 años se ha estudiado la relación entre mortalidad y desnutrición infantil, evidenciándose que esta es mucho más alta de la que aparece en los reportes de estadísticas vitales. El Estado Mundial de la Infancia 1998, basándose en publicaciones de la OMS, planteaba que, “de los cerca de 12 millones de niños menores de 5 años que mueren anualmente de enfermedades susceptibles de prevención, sobre todo en los países en desarrollo, el 55 por ciento perecen por causas relacionadas directa o indirectamente con la desnutrición3. Un reciente estudio de la revista The Lancet afirma que, “en los países pobres, la desnutrición materno–infantil es la causa subyacente de más de un tercio (3,5 millones) de todas las muertes de niños menores de 5 años de edad, muchas de las cuales se pueden prevenir mediante intervenciones efectivas que aborden la desnutrición en gran escala”4.
En Colombia, un estudio realizado por Nubia Ruiz y Magda Ruiz, del Centro de Investigaciones sobre Dinámica Social de la Universidad Externado, titulado Mortalidad por desnutrición en Colombia, estableció que entre 1998 y 2002 el porcentaje de desnutrición reportada como causa de muerte5 fue del 6,66 por ciento y como causa asociada del 7,45 por ciento, para un total de 14,11 por ciento. Las autoras elaboraron mapas que muestran la probabilidad de muerte por desnutrición por cada 100.000 nacimientos.
No son solo cifras
A los datos anteriores habría que sumarle el subregistro, el cual, en un estudio realizado por un grupo de investigadores liderados por Luis Carlos Ochoa6, fue calculado para el departamento de Antioquia en un 37,3 por ciento. Si bien el subregistro nacional posiblemente sea mayor, si se aplica lo encontrado en Antioquia se obtendría un porcentaje total de desnutrición como causa directa o asociada de muerte de menores de 5 años de 19,33 por ciento (cerca de 3.000 muertes anuales), nivel de asociación similar al encontrado en estudios recientes en Perú7 y Costa Rica8.
La discusión no es solo de cifras, detrás del debate está la pregunta sobre qué tan crítica es la situación nutricional de la infancia y cuestionamientos más de fondo como qué tan grave es la situación social que vive Colombia y qué tan efectivas han sido las políticas nutricionales desarrolladas por el Estado colombiano en las últimas décadas.
El debate sobre la confiabilidad de los datos no debe ocultar el problema central: cada año mueren en Colombia cerca de 10.000 niños y niñas menores de 5 años por causas prevenibles. De esas muertes evitables, por lo menos el 30 por ciento ocurre en niñas y niños con desnutrición.
Si bien el país ha hecho esfuerzos por mejorar la nutrición infantil, estos son insuficientes. Se ha logrado que disminuya la severidad del problema, pero la malnutrición continúa afectando el crecimiento y desarrollo de millones de niños y niñas, generando enfermedades, muerte, retardo en el crecimiento intrauterino, bajo peso al nacer y deterioro de las capacidades cognitivas, reproduciendo la pobreza y la desigualdad.
El Estado colombiano tiene la obligación establecida en el Código de la Infancia y la Adolescencia de “prevenir y erradicar la desnutrición”9. Es necesario continuar el debate sobre las cifras, fortalecer la investigación sobre las mismas y desarrollar un sistema independiente de información acerca de la situación y las políticas públicas de la infancia y la adolescencia10, pero esta discusión no puede hacernos olvidar la obligación ética, legal y política que tienen el Estado y la sociedad entera de que ni un solo niño o niña padezca hambre.
1 Según la Encuesta Nacional de Situación Nutricional ENSIN 2005, 12% de los menores de 5 años (más de medio millón de niños y niñas) presentan desnutrición crónica, porcentaje que es del 17,1% en la zona rural.
2 No es lo mismo mortalidad por una causa que mortalidad asociada a dicha causa, por ello en los reportes de mortalidad se habla de desnutrición como causa de muerte y desnutrición como causa asociada de muerte.
3 Unicef. Estado Mundial de la Infancia 1998. p. 11.
4 The Lancet. Resumen ejecutivo serie de The Lancet sobre salud materno–infantil. 2008.
5 Ruiz, M. y Ruiz, N. (2006). La mortalidad infantil por desnutrición en Colombia.
6 Centro de Investigaciones en Dinámica Social, Universidad Externado de Colombia. Ochoa, L. C. (2007). Mortalidad por desnutrición en menores de cinco años: Incidencia, tamización y factores de riesgo. Saludarte; 5 (3): 212-237.
7 Ministerio de la Mujer y el Desarrollo Social–CEPAL–PMA. (2008). El costo del hambre. El impacto social y económico de la desnutrición en el Perú. Lima.
8 CEPAL–PMA. (2007). El costo del hambre. Impacto social y económico de la desnutrición infantil en Centroamérica y República Dominicana. Santiago de Chile.
9 Ley 1098 de 2006. Artículo 41.
10 Así lo ha recomendado en dos oportunidades al Estado el Comité Internacional de Derechos del Niño.
Edición:
Hallazgos de la UIS y la U. Nacional
Por: Redacción Vivir, El espectador
Investigadores aseguran que la metodología con que Colombia calcula su seguridad alimentaria es imprecisa.
Si estas cifras se comparan con las entregadas por la última Encuesta Nacional de Situación Nutricional (Ensin), publicada en 2010, según la cual el 42% de los hogares del país padece hambre, quizá los datos permitan llegar de nuevo a la conclusión de que la pobreza y la mala nutrición van de la mano.
Pero más allá de las cifras, un grupo de investigadores de la Universidad Industrial de Santander (UIS) y de la Universidad Nacional de Colombia están seguros de que la metodología con que Colombia viene calculando el índice de seguridad alimentaria desde 2005 está lejos de entregar un panorama preciso sobre la verdadera situación dentro de las familias.
A partir de un estudio realizado con 432 hogares de Bogotá, Bucaramanga, Tenjo y Sibaté, los investigadores encontraron que el índice de hambre que señala que, en promedio, 42 de cada 100 hogares se encuentran en esta condición se queda corto para estas regiones, situación que reflejaría lo que puede estar ocurriendo en el resto del país. Asimismo hallaron que, en el mejor escenario, 36 de cada 100 hogares, como mínimo, estarían padeciendo hambre, y, en el peor, 87, como máximo.
En la investigación financiada por Colciencias y que tomó alrededor de dos años, los académicos detallan cómo el uso de la “escala del hambre” (referencia internacional validada en Colombia por estudios de la Universidad de Antioquia) para la realización de la Encuesta Nacional de Situación Nutricional (la última de este tipo que se ha hecho en el país) llenó el panorama de datos imprecisos, gruesos y generales, que no permiten visibilizar qué tan bien están comiendo los colombianos.
“Estas son escalas atractivas porque entregan resultados rápidos y son baratas, pero poco rigurosas. Incluyen, por ejemplo, preguntas como: ¿usted en los últimos días se ha preocupado por falta de dinero para comprar alimentos? Hasta una persona de estrato 6 se preocupa por esos temas. Consideramos que las escalas no sirven. Los hogares quedaron mal clasificados”, dice el líder del estudio, Óscar Fernando Herrán, director del Observatorio Epidemiológico de Enfermedades Cardiovasculares de la UIS.
Lo preocupante es que la Ensin, hecha por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), Profamilia, el Instituto Nacional de Salud y el Ministerio de Salud y Protección Social, es un referente nacional importante para el direccionamiento de políticas públicas.
La pregunta que se hacen los investigadores es: por qué si el Estado cuenta con un departamento de estadística como el DANE y un monitoreo del Índice de Precios al Consumidor (IPC), no analiza y utiliza parte de estos datos para generar información precisa en lugar de “invertir dinero en estudios de poco rigor con escalas que no garantizan mecanismos serios de medición”, dice Herrán.
La también investigadora Sara del Castillo, coordinadora del Observatorio de Seguridad Alimentaria y Nutricional (Obsán), explica que las investigaciones sobre seguridad alimentaria deben cambiar la forma como recogen sus datos.
Una alternativa sería complementar los estudios con métodos como el recordatorio 24 horas, cuyo propósito es evaluar periódicamente la nutrición de una persona o familia, a lo cual habría que sumar pruebas en las cuales se examinen las medidas del cuerpo humano y se las relacione con la alimentación (antropometría).
Para la experta, es necesario hacer estudios más precisos, acompañados de recordatorios de dieta y mediciones más cercanas a la realidad de lo que consume la gente y combinadas con información de valoración de la situación nutricional.
Aunque la aplicación de estas metodologías, advierte el profesor Herrán, es más costosa e implica mayor trabajo, de esta manera entregarían, sin duda, un panorama más claro de cómo se está alimentando Colombia, un país en el que, a pesar de ser despensa de alimentos, sigue padeciendo hambre.
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Redacción Vivir | Elespectador.com
